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SHELL - 2017
NEW TAIPEI CITY - TAIWÁN
Mosaico decorativo - Diseño y realización
Dimensiones variables 1mt diámetro para cliente privado




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"Por la misma razón por la cual las flores se secan al revés", galería Palos - 2025
Exposición individual, curada por Julieta Ogando.
¨Algunas cosas prefieren mostrarse de perfil: una foto que no nos reconoce, una sombra que toma aire, un borde que roza sin herir. Para que algo se una hace falta porosidad. También la pared colabora: trama de anclajes mínimos, fallas a conciencia, pequeñas soldaduras. Nada clausura; todo ventila. El intervalo entre las cosas es lo que las pone a hablar.
Aquí, lo que suele sellar, abre. Vidrio, plomo, cemento y cera no levantan muros: filtran. Los fragmentos no pretenden completar una figura perdida; se acomodan como estrellas que cambian de lugar al ritmo de quien mira, del paso que avanza despacio para no despertar lo que ya está despierto, del rumor de un reloj que suena en algún sitio que no conseguimos señalar. El conjunto no establece un centro: ensaya zonas. Hay densidades que se arriman y alivios que dejan pasar. Cuando el borde cede, lo cercano por fin conversa.
La pared no es telón de fondo, es un cuerpo en obra. Sobre su respiración leve aparecen piezas que a veces prolongan esa pulsación con apéndices, puntos de apoyo, microcirugías. Se sostienen unas a otras sin imponerse: un lazo que permite moverse, un cuidado que no aprieta. Tocar sin poseer: ahí se cifra buena parte del sentido.
La calle deja su rastro. Desde la ventana ingresa un polvillo azulado que todo lo matiza; al caer la tarde, ese borde se vuelve lámpara y el adentro cambia de tono. Un jarrón murmura lo justo para hacernos dudar del oído. A veces un brillo mínimo —¿se quebró un vidrio o fue un recuerdo?— altera la memoria del pasillo. El tiempo aquí no avanza en línea: decanta.
Entre las obras aparecen imágenes que a veces nos devuelven otra cara. No es nostalgia ni inventario. Los fragmentos no son trofeos, son materiales que recuerdan: lo que se fisura no se desarma, conserva forma y temperatura. De ahí la insistencia en superficies pequeñas, módulos que se arriman y se apartan, líneas que no cierran del todo. La constelación no estaba antes: sucede ante quien mira.
Todo lo importante ocurre entre: entre materias que se dejan atravesar, entre imágenes que aceptan su distancia, entre un afuera que mira desde adentro y un adentro que se asoma sin temor. Como en esas flores que se cuelgan al revés para que la gravedad ayude a vaciar, aquí el peso del mundo actúa a favor: los poros drenan, lo superfluo escurre, queda lo esencial. Caminar sin estruendo, ajustar la distancia, aprender a mirar de costado: esa es la forma de estar que la muestra propone.¨










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